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"Las universidades han perdido su espiritualidad"

El profesor colombiano sostiene que el ser docente "se ha diluido en ese giro que conduce de la universidad del pensamiento a la universidad afectada por las profesiones".
Discípulo del destacado pensador Philippe Meirieu y director de posgrados en educación en la universidad colombiana de Cali, Armando Zambrano Leal disertó en Córdoba invitado por la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). Claramente inscripto en la filosofía, desde la cual piensa lo educativo, compartió sus reflexiones sobre el lugar del profesor universitario, del saber y de la universidad en tiempos de globalización.
–¿Qué es ser un profesor universitario hoy?
–Es un tema complejo. No sé si el significado puede resolver la cuestión ontológica del ser profesor. Por el lado del significado entramos en una especie de encrucijada que nos aparta de la esencia del ser profesor. El qué es ser profesor apunta a la cuestión ontológica, por lo tanto, a la pregunta heideggeriana sobre el qué del ser. Más que su significado, el tema es qué es ese ser. Para mí, es ante todo un sujeto de saber, cuya tensión se centra en la búsqueda de una comprensión de sí mismo, pero a la vez, en la permanente subversión del orden simbólico de la universidad. Es ante todo una especie de sujeto que busca, no la cura para sí, sino que va siempre buscando la comprensión de su angustia, a partir de una reflexión sobre el conocer. El qué ser no puede resolverse por el significado, la pregunta es qué es ser, pregunta que se torna más compleja en el tiempo presente, porque el tiempo de hoy se ha desnaturalizado y ha desplazado el sentido mismo de la universidad.
–¿Cómo se ha producido ese desplazamiento?
–Se va perdiendo, en alguna medida, el sentido de la universidad al desplazarse su esencia por los efectos de las relaciones económicas, de la globalización, de las políticas neoliberales que le imprimen una nueva identidad, orientada más como una universidad empresarial que necesita autogestionarse. Por ello, el ser profesor universitario también se desplaza en su esencia, porque deja de ser un sujeto de saber para constituirse en un individuo que se siente atrapado por las relaciones de poder que se establecen entre la institución empresa y su condición de asalariado. –Esto lleva a plantear, si aún es posible encontrar a este profesor, entendido de esta manera, vinculada al saber, en las universidades latinoamericanas. –El profesor universitario, entendido de esta manera, está cada vez menos presente en las universidades. Precisamente porque el sujeto, hoy, está escindido. Al sujeto kantiano o al heideggeriano lo encontramos cada vez menos. Lo que encontramos es un sujeto escindido, como lo plantea el pensamiento posmoderno en Lyotard, Derrida, Touraine o Vattimo. Es un sujeto escindido que vive en esa nueva concepción de universidad autogestionaria, y que por fuera de la universidad vive las angustias del no destino, de una ausencia de horizonte en la sociedad. Hoy no sabemos hacia dónde vamos y la globalización y la posmodernidad nos plantean una especie de muerte colectiva que se da por la pérdida del deseo. Vivimos hoy más que nunca una especie de multiplicidad de máscaras. Somos una cosa en la universidad y otra afuera. El profesor de la universidad de la Ilustración, o de la universidad de investigación, era un sujeto total que ya no conocemos. Universidad autogestionaria
–¿Qué lugar ocupa la formación en la constitución de ese profesor vinculado al saber?
–Este es un problema aún más crítico, porque nos enfrentamos a una cuestión que no es semántica, sino filosófica. Lo que plantea es, si la formación solamente se puede entender por una especie de espesor en el tener, es decir por la capacidad. Si uno está formado porque posee un cursus universitario y profesional. Esa ostentación de múltiples profesiones o diplomas reafirma esa condición de la universidad autogestionaria, aún en la estatal. Esto se traduce en que ser formado es estar siempre en un proceso de calificación. Hoy, después de los ’80, en América latina y particularmente en los países andinos, la calificación de los profesores es tendiente a poseer más diplomas, para pertenecer a ese espacio de competitividad que se expresa en la universidad empresarial. El ser profesor se ha diluido en ese giro que conduce de la universidad del pensamiento a la universidad afectada por las profesiones. Ser formado es una cuestión espiritual, no con connotación religiosa, sino en el sentido del ser trascendente. Lo que vemos hoy es que nuestras universidades han perdido ese ser espiritual.
–¿Cómo se podría apreciar la formación del profesor?
–Se ve por la sensibilidad hacia el arte, la poesía, pero también hacia los más pobres. Un sujeto formado es un sujeto que se preocupa por el otro, porque al hacerlo se preocupa por sí mismo. Esto es lo que en alguna medida Foucault, al estudiar la hermenéutica del sujeto, va a preguntarle al mundo griego: “Yo no puedo preocuparme por el otro sin hacerlo por mí mismo”.

Fuente:http://www.lavoz.com.ar/defaultak.asp?edicion=/07/10/29/

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