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Amigo Incondicional

El músico franco-español vino a Córdoba por unas horas sólo para darle una mano al proyecto de "La Luciérnaga". Pese al perfil bajo, no reniega de su fama.
Si existiese una enciclopedia que estableciera los modos de comportamiento de una estrella de rock, la figura de Manu Chao seguro que figuraría en el índice de las excepciones.

El músico trashumante más famoso del mundo, el que interpretó antes que nadie que la exaltación de las singularidades es el mejor antídoto contra un embate globalizador, estuvo ayer en Córdoba, traicionando, una vez más, todo lo que se supone debería seruna campaña de posicionamiento. No fue la promoción de su disco La radiolina lo que lo trajo hasta aquí. Tampoco la necesidad de cumplir por contrato con un concierto programado en un domo, a precios inaccesibles.

Manu Chao visitó la ciudad de Córdoba para colaborar con la causa de la publicación La Luciérnaga. “Vine a colaborar con ellos y a pensar cosas a futuro. Esto es un ida y vuelta permanente”, dijo el ex Mano Negra a minutos de saludar, en la siesta abrasadora de ayer, a Oscar Arias, director de la revista que generó una fuente de trabajo para los chicos de la calle.
“Se podría decir que también vine a hacer unas entrevistas para el disco –observa–, pero quería llegarme hasta la Argentina para redondear una producción para La Colifata (radio de los internos del Borda). Estamos trabajando un CD juntos. Grabándolo. Y el sábado participaré en las emisiones de la radio. Y mi idea era llegar hasta aquí, ¿no? Visitar a los chicos de La Luciérnaga. La banda no está. No está Radio Bemba aquí. Entonces, nos hemos juntado con los chicos de Radio Roots”.

“Son músicos callejeros de Buenos Aires que también trabajaron en Barcelona, en cierta época. Algunos de ellos, como el Quichi, colaboraron en la primera Colifata. Se juntaron para venir aquí. Podíamos venir unos pocos en avión, pero decidimos venir todos en un mismo autobús. Vamos a tocar en una fiestita de imprevisto”, añade en relación al show que anoche tenía previsto ofrecer en Casa Babylon, en la zona del ex Abasto.

Sobre la repetición. Ya con las razones de su visita expuestas, y a pesar de que se trata de un diálogo sin red, éste se conecta inexorablemente con La radiolina, un disco que para la crítica especializada fue una suerte de “sampler de sí mismo”.
¿Le habrá sonado peyorativa esa definición al ex Mano Negra? “Soy el rey del sampler de mí mismo. Eso se decía cuando saqué Próxima estación: Esperanza. Es una crítica constructiva. No me doy cuenta, sinceramente, de lo que está expuesto en un CD. Soy la persona más subjetiva para hablarte de ese La radiolina. Lo único que puedo decir es que mi momento de placer, de gusto y de terapia se refleja en el disco. En realidad, fueron miles de momentos súper intensos y bonitos. Y eso no me lo quita nadie. El disco se hizo con todo el corazón, y con toda la ilusión”.

En su último disco, Manu Chao vuelve sobre una figura que lo obsesiona: Diego Armando Maradona. En la canción La vida tómbola se anima a entonar algo así como “si yo fuera Maradona viviría como él”. Pero siendo que no es “el Diego” sino una reconocida figura de la música internacional, ¿cómo se llevará con su propia celebridad?

“No reniego de mi condición de famoso –revela–. Lo que hay es lo que hay. Lo importante es vivir la vida tomándosela con calma. Estuve con Diego hace poco, lo conocí, tuve esa suerte... La presión mediática y popular en la calle no es comparable con lo que a mí me pasa. Lo mío lo aguanto bien: en la calle paso bastante inadvertido. Es bastante fácil para mí, ya que la celebridad no me ha prohibido la calle. Puedo pasearme horas por allí sin que se monte un terremoto. La gente me reconoce, charlamos un poco, pero nunca se vuelve una cosa agobiante. Que no es el caso del Diego, ni el de ‘la Mona’. Es mi caso multiplicado por 20 mil”.

Dos patrias, dos miradas. Franco-hispano. Ése es el gentilicio de Manu Chao, por eso de que nació en París pero de padres españoles. Y como buen trotamundos dispuesto a conocer aldeas, suele pintar las suyas mejor que nadie. Así las cosas, resulta oportuno preguntarle por el “¿por qué no te callas?” del rey Juan Carlos a Hugo Chávez, en la reciente Cumbre Iberoamericana. Y también por las sensaciones que le despierta la Francia de Sarkozy.

Sobre lo primero dirá: “‘¿Por qué no te callas?’ es la frase del mes. Creo que ahora el rey se la está diciendo a sí mismo, pero en pasado: ‘¿por qué no te callaste?’. Me impactó mucho la contraportada de una revista argentina que se llama Barcelona. Allí se ve al rey junto a Videla y el subtítulo dice: ‘¿por qué te callaste?’. Esa es mi respuesta”.

Y sobre lo segundo: “Lo que empezó en Europa cuando llegó Berlusconi al gobierno de Italia, tiene consecuencias ahora. Aparte de lo peligroso que era para los mismos italianos, Berlusconi generaba un problema para el resto, por eso de que creaba un antecedente para Europa. Un antecedente de una manera de ganar elecciones que tiene más que ver con el show que con programas de Gobierno. Populismo súper rancio, vamos a decir. Francia está entrando con Sarkozy en su época ‘berlusconiana’. Es preocupante. Hay huelgas; a dos años de revueltas por xenofobia, vuelven a estallar los barrios. El gobierno siempre dijo que iba a poner infraestructura en los barrios, y en dos años no hizo nada”.

Manu siempre reflexiona sobre el poder. Y siempre se resigna a que éste sólo se ejerza desde la corrupción y cargándose en ello a la voluntad popular. Queda la impresión de que, para él, somos buenos y nos hacemos malos al participar en política. “No se puede generalizar, pero si miras la historia de la humanidad, en el 80 por ciento de los casos, el poder quiere decir aprovecharse del puesto en beneficio propio. Sólo queda apostar a la educación. Ahí está la clave”.

Fuente:http://www.lavoz.com.ar/defaultak.asp?edicion=/07/11/30/

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