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Nuestra celebración de la Pachamama: El Legado que Echa Raíces

Desde hace más de 15 años, la comunidad de APADIM se congrega en un ritual de gratitud que trasciende lo institucional para convertirse en un acto de amor profundo por la Madre Tierra. En este 2026, nuestro reencuentro se tejió bajo un eje vital: las plantas y su importancia para la vida. Esta elección temática no es azarosa; frente a los desafíos del cambio climático que presenciamos, reconocemos en el reino vegetal la respuesta más urgente y generosa de la naturaleza, brindándonos salud, oxígeno y el sustento necesario para la existencia. Esta celebración fue el florecimiento de un proceso que habitó nuestras aulas y espacios verdes durante todo agosto, fortaleciendo nuestra identidad como cuidadores de la casa común.

La preparación comenzó con la ofrenda de las manos, donde las y los estudiantes transformaron el aprendizaje en gestos de reciprocidad. En el primer ciclo, el compromiso de las familias se hizo abono a través del proyecto de compost, enseñando a las infancias que aquello que desechamos puede transformarse en alimento para la tierra. El aroma de los sahumos de aromáticas preparados por Vicky y sus estudiantes de 4to grado envolvió los ambientes en una limpieza necesaria, mientras que el color y la vitalidad llegaron de la mano de Sofi de 4to y Caro de 6to, quienes trabajaron las plantas como alimento preparando ensaladas de frutas para compartir. La belleza de lo simple se manifestó en los colgantes de material orgánico recolectado por 5to grado y en los atrapasueños que el nivel secundario creó para abrazar y decorar el espacio de la granja, enmarcando sus saberes en la reflexión sobre el uso medicinal de las especies.
Este tejido comunitario se profundizó con la intervención de la Cooperativa Indígena Chañar en nuestro Monte Nativo, donde la incorporación de pastizales y arbustos nos recordó la importancia de preservar cada estrato de la vida silvestre.
Asimismo, el miércoles 2 de septiembre, nos acompañarán en un taller de plantación en el Espacio de la Memoria, sembrando especies nativas que simbolizan el vínculo indisoluble entre nuestra historia, nuestra identidad y el territorio que habitamos.
   


El viernes 21 de agosto amaneció con el pulso vibrante de la celebración. La jornada se inició de manera sagrada con el rito del fuego y la apertura del pozo a cargo de Fany y Aldo, quienes con respeto ancestral prepararon el suelo para recibir las ofrendas. El aire se llenó de una atmósfera sonora profunda y auténtica, marcada por el ritmo de la percusión nativa y el despliegue del grupo de folklore del Centro de Día. Las voces de los niños y las niñas de 2º ciclo de Primaria se unieron en un canto que resonó en todo el patio, celebrando la raíz compartida y el contacto directo con la naturaleza que define nuestra pedagogía del encuentro.
Al caer la siesta, la lectura del texto colectivo nos invitó a una reflexión necesaria sobre las plantas como motor de la vida. Sus palabras nos recordaron que las semillas y los frutos nos enseñan a respetar los ciclos naturales y que el cuidado del agua es una urgencia que nos involucra a todos para proteger nuestro presente.
En APADIM, reafirmamos que la sabiduría habita en lo natural y que no somos observadores externos: somos agua, tierra, fuego y aire. Nos despedimos con la certeza de que, en este abrazo colectivo, todos somos hermanos bajo el mismo sol, renovando el compromiso de proteger la vida en todas sus formas.

Tenemos mucho por hacer. Apoyanos para seguir construyendo una sociedad más inclusiva.  Aquí te contamos cómo.

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