La Escuela como oportunidad. Un espacio de otredades y diversidad

Las actuales tensiones y representaciones sociales en el ámbito de la educación nos muestran el complejo mundo de los primeros aprendizajes en la infancia de niños y niñas en tiempos donde priman lógicas que aprisionan etiquetando las diversidades y las “cotidianeidades” del hacer educativo determinando de esta manera las trayectorias educativas de los estudiantes.
En este contexto neoliberal las políticas públicas en educación se encuentran atravesadas por la irrupción de nuevos sujetos/ estudiantes que alojan en sus conductas y decisiones las contradicciones y requerimientos que el propio sistema necesita para continuar su ciclo y reproducirse. La satisfacción inmediata, homologar saberes y gustos, la búsqueda incansable del placer y lo esperable (lo previsible), se ostentan como valores indispensables “para estar” en la sociedad y ser parte de ella.
De esta manera en el ámbito educativo fuimos legitimando y construyendo un tipo ideal de estudiante que pudiera dar respuesta al modelo educativo imperante de acuerdo al momento socio-histórico.
Para trabajar estas cuestiones tan necesarias tomando aportes de la sociología, psiocologia y la historia, tensando experiencias, miradas y saberes, nos acompañó la Dra Gisela Untoiglich para abrir un poco más el juego de poderes e intencionalidades que la institución educativa atraviesa como espacio social de aprendizajes y conocimientos de referencia para todos los sujetos que en ella transitan.
Junto a ella y a partir de su amplia experiencia en el ámbito educativo y de la infancia, fuimos trabajando y de-construyendo ideas a la hora de pensar la educación como un derecho, recorrimos los constructos teóricos de los conceptos integración - inclusión, la preocupante patologización ( y medicalización) de la infancia  como recurso  de “adecuación” a la norma,  reconstituyendo saberes académicos que etiquetan sujetos y no pueden ver las particularidades desde la diferencia propia que nos identifican como seres humanos.
Desde allí fuimos realizando un interesante y complejo proceso para pensar nuestras propias prácticas, trabajar sobre pre-conceptos y saberes interdisciplinarios, para poder construir espacios habitables en donde podamos alojar estas diferencias y otredades que se presentan en las escuelas.
Como mencionaba Gisela si “las etiquetas diagnósticas cumplen su función clasificatoria ordenando el caos, lo impredecible y des-implican al adulto de su relación con la problemática” estamos cada vez homogenizado a los estudiantes, evitando la necesaria “rebeldía” que permite el conocimiento y expulsando cada vez más sujetos que se encuentran excluidos por este sistema. De esta manera la escuela debe encontrar un contexto de aprendizaje situado que le permita garantizar el derecho a la educación, incorporando las otredades como experiencias de vida y mundos posibles, ya que en definitiva no hay mundo sin otros, sin semejanzas y diferencias
Recuperando las palabras de Gisela Untoiglich “Si cada vez hay más niños que nos plantean desafíos ¿no habrá que revisar lo que estamos proponiendo desde el mundo adulto? Necesitamos armar un lugar para la “hospitalidad”, como un espacio de acogida, de escucha activa y acompañante, de compartir lo común y alojar la otredad”
Gisela Untoiglich comparte con los asistentes la investigación realizada
sobre la medicalización de la infancia

En las escuelas es llamativa la alta medicalización de los estudiantes
 problemática que genero intercambios y muchas preguntas en los asistentes



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